sábado, 2 de septiembre de 2017

Septiembre

Enfundada en su vestido, ya demasiado fresco para la época, pero el mejor para estos menesteres, camina Carmencita hacia la tapia de piedra, la que separa el camino de los prados de pasto del señor Facundo (si, si, como el de las pipas -decía-), ahora ya, por fin, plagadita de moras ya maduras, dispuestas a ser recogidas.

La vuelta a casa cautelosa, porque, en su deleite, sin darse cuenta, ha restregado varias veces las manos en su ropa y además, ha llenado el bolsillo, para ir comiéndo por el camino.


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